jueves, 6 de diciembre de 2007

El final merecido

Llego a Sabadell, son la una de la madrugada y me doy cuenda de que no me quedan cigarrillos. Salgo a callejear y por suerte encuentro un bar abierto. Me imagino en la barra a un hombre treinta años más triste que yo, y de nuevo callejeo solitario hacia mi habitación. Me sucede que, después de cada proyección, me siento siempre especialmente solo, y vacío. ¿Así que esto era todo?, me pregunto. Esta noche ha sido especialmente especial. Por las risas, las lágrimas y los abrazos sinceros, digo. Por poco lloro yo también, pero llevo así desde esta mañana, con mi madre. En realidad, desde hace más de un año que por poco lloro. Joder, empiezo a querer preocupantemente a esta gente.


miércoles, 5 de diciembre de 2007

el cine según



Es verdad, que el cine convoca fantasmas del pasado. Que hace presentes emociones pasadas. No he sido nunca tan consciente de esta capacidad que nos tiene a todos tan desconcertados estos días. Claro, el cine -pienso-, que, como el amor, proyecta cada instante hacia el infinito. Había olvidado que fue por esto que dejé de dibujar, de pintar, de tocar, de componer, y por lo que me enamoré del cine. Desde el principio me atrajo la idea de un arte cuyas materias primas eran el tiempo y el espacio en su constante fluidez, las mismas que las de la realidad, que las de la distancia. El cine es más, pensé. Es por eso que creo que no hemos de tener miedo a estos fantasmas. No a los bellos fantasmas que viajan através del tiempo y del espacio hacia un lugar lejano, que no tiene fin, para desaparecer. O ser eternamente convocados, pero siempre para desaparecer.

Hoy me he sentido muy mal. Nunca he tenido la intención de herir a nadie con mi cine y, sin embargo, hoy he tenido la sensación de que lo estaba haciendo. No sabéis lo mal que se siente uno. De verdad, nunca he querido herir a nadie, eso bien lo sabe Pedro, que estuvo una semana sin ver "Resurrección" pensándose que sería algún tipo de venganza por mi parte. Lo único que pretendo es comprender a las personas que me rodean, porque creo que la felicidad, no sé de qué modo, participa de algo de todo esto.

martes, 4 de diciembre de 2007

cielo sucio. en fin, cielo





No quiero volver a perder el norte

sábado, 24 de noviembre de 2007

la pena o la nada


y en tales circunstancias
cómo iba yo a actuar.
mi alma se volvió ancla
cansada de naufragar.


domingo, 18 de noviembre de 2007

¿Jugamos al juego?

Me despierto en Barcelona, este domingo soleado de invierno. Desayuno en el café a pie de calle un croisant que mojo en el café con leche mientras ojeo "La invención de Morel" deseoso de viajar a una isla huyendo de todo."-¿Has ido al mercat de Sant Antoni un domingo?/-No /-Pues tienes que ir". Me pierdo entre gente, libros, dvds y tarjetas de DragonBall que me transportan directamente a mi infancia. La verdad es que cuando uno no busca algo en concreto no suele encontrar nada.


Callejeando hacia mi ciudad empiezo a cuestionarme, de nuevo, quién soy. Nuestra identidad es, sin duda, nuestra mayor defensa en estos tiempos que corren. Algunos lo han tenido siempre muy claro; otros, como yo, no tenemos ni idea. Se me ocurre que soy tan Truffaut como Fassbinder. Por mis venas corre tanto romanticismo ligero como existencialismo trágico. Aunque me he inyectado tanto Wong Kar Wai que soy incapaz de disasociar su esencia de la mía. Aunque vivo obsesionado por la forma de Godard, tanto como hace algunos años por la de Bresson. De Pasolini me queda mi interés por los jóvenes ignorantes de belleza distraída -pienso mientras me giro para contemplar al chico con el que me acabo de cruzar la mirada-. También soy Gonzalo, pero a veces me gusta jugar al juego y me comporto como un enfant terrible o como un gato sin nombre. Soy la huella de varias personas que he conocido a lo largo de mi vida y, además, quiero ser como Sócrates.


lunes, 12 de noviembre de 2007

EN EL MAGIC NO SE JUEGA

En entrevistas no se fuma.

En conferencias no se come.

En talleres no se duerme.

Con Rossana no se juega.

A Jodorowsky no se entrevista.

A la mujer del d'Arbó
no se le llama gremlin.

Con Petra no se baila.

El navegante no trabaja.

A Josep no se le hace caso.

domingo, 4 de noviembre de 2007

Lo que el cine ha unido que no lo separe el hombre




Nos refugiamos en un pueblecito costero, cerca de Tarragona. El paisaje contaminado de grúas y el paso del tren retumbando la tranquilidad nos recordaban que sólo estábamos en la periferia de una gran ciudad. Hoy me he despertado de buen humor, optimista, hacía tiempo ya. A mí también me hubiera gustado compartir estos días con alguien -mentí-, pero de momento no me importaba seguir con mis cigarrillos, mis teorías, mi Nacho, y mí mismo. El final era de esperar, Bruno y Bea reemprenden su huída y, tras una parada en una área de servicio, unos gangsters aparecen y disparan a la chica. A la vuelta de nuestro viaje nos detuvimos en Calafell, me dí un último baño, pues unas viejas que salían del mar me espetaron "esto está estupendo" y me hicieron sonreír. Teníamos aún tiempo para no pensar en nada bajo las palmeras. Ahora escogería a Michael Nyman como banda sonora. Por la noche, de vuelta en Barcelona, nos emborrachamos con Julia y Tomi. Lo que el cine ha unido que no lo separe el hombre. Julia me permitía soñar, sí, y situó un nuevo destino en mi mapa: Lyon. Nada tiene que ver con Lyon -pensé-, sería un buen lugar donde volver a empezar.