
Tú siempre habías deseado estudiar bellas artes y yo siempre quise vivir en Paris.

Mientras leía esto en el tren de vuelta "las verdaderas primicias del cine -que no han llegado a existir más que en la imaginación de algunas decenas de hombres del siglo XIX- buscan la imitación total de la naturaleza. Todas las perfecciones que se añadan al cine sólo pueden, paradójicamente, retraerlo a sus orígenes. El cine, realmente, no ha sido inventado todavía.", mientras leía estas reflexiones escritas por André Bazin, y me daba cuenta de que eran las mismas frases que, apasionados -estoy convencido-, habían leído anteriormente GODART o Truffaut, un chico, muy bello y muy joven a sus 18 años, me miraba muy decidido como para comprobar que yo le devolvería la mirada, y cuando lo hacía entonces se retiraba como satisfecho, pero, como un juego, algo en él -una suerte de traviesa inocencia- le hacía volver a esperarme con su mirada clavada en mí, y yo sonreía por dentro, porque me estaba haciendo sentir nostalgia por algo que nunca había vivido y que ya no viviría jamás: al amor a los 18. En realidad, lo único que me ha impulsado a escribir estas líneas ha sido esto último -he necesitado escribir sobre él en lugar de masturbarme (y ya está!)-. Así, poco a poco, por culpa de los chicos, voy recuperando las palabras.
