lunes, 9 de septiembre de 2013
Septiembre
Por fin logró volver a escribir. Era una carta a su madre, a la que llevaba un tiempo sin ver. Este verano estuvo tumbado boca arriba después de un orgasmo pensando en ella. Pensaba en esas últimas noches en las que cenaban juntos. Ella había vuelto a recuperar el apetito por fin y eso le alegraba aunque a veces la reñía por comer tanto. Pensaba en esa alegría. Separarse de alguien ya no significaba lo mismo. ¿Por qué estoy aquí? ¿Qué es mi vida? La realidad podía ser aburrida, pero la vida no. Pensó en el cine italiano siguiendo el rastro de los sentimientos humanos. Le escribía porque leyó algo que le hizo pensar en un gesto, el de alguien incapaz de escribir repeinándose como un mafioso siciliano. Era Septiembre y todo iba a ir bien.
domingo, 30 de junio de 2013
Si conocieras el Tiempo tan bien como yo
Me siento incapaz de aclarar nada sobre ese pasaje de Alicia en el que el sombrerero le habla del Tiempo. Le dice Estoy seguro de que ni si quiera has hablado nunca con él. El Tiempo no tolera que le den palmadas. Lo mismo me sucede con las películas de Hong Sang-soo. Soy incapaz de pronunciar al cineasta que logró que la vida me volviera a parecer excitante. Cuando escucho su nombre me pongo rojo, al igual que me sucede cuando se trata de hablar de Woody Allen. Estoy enamorado hasta las trancas. Les defendería a puñetazos. Luego está ese pintor, el único capaz de tranquilizarme. He conocido a marxistas-leninistas y a anarquistas, pero ahora lo se seguro, yo solo estoy del lado de David Hockney. El verano acabó con la frase ¿Por qué nunca podré escribir nada que resucite a los muertos? pero nunca os lo había contado. Genet dijo que hay en todo hombre un don profético acerca de uno mismo, que uno mismo no ve. Creo mucho en la capacidad de los poetas de ver un poco más allá. Podría tratar de escribir sin éxito sobre esa tarde en que Bergman se sentó sobre mis rodillas. Había vuelto a ver Lost in translation, y descubrí que el paso del tiempo hacía disminuir nuestra temperatura corporal. Nos enfriaba. Habíamos grabado Sangre en los zapatos. Decían que iba de un guateque, una piscina y asesinatos, algo entretenido entre tanta crisis. No se habían dado cuenta de que el Tiempo corría pisándoles los talones y que iba a asesinarles a ellos también.
Si no hubiese perdido el hilo trataría de narraros todos estos hechos en su orden cronológico, ya lo he intentado. Pero dadas las circunstancias debería empezar por la visita de Bea. Fue el final y el inicio de algo nuevo. Fue a la vez que descubría la primera generación de dibujantes de manga influenciados por el cine. Acababa de conocer a Osamu Tezuka.
jueves, 23 de mayo de 2013
yo lo veo así
Eso hacíamos existe en comparación a Dante 8 y MEDIO, que es otro cortometraje que no logré filmar, porque para mi lo importante era mostrar que había cambiado mi manera de ver las cosas. Supongo que en los pintores, por ejemplo, ese darse cuenta sucede de una forma más natural; un pintor puede echarle un vistazo a los cuadros en los que haya estado trabajando y decir "vaya, ya no veo las cosas igual que las veía antes". Pero el trabajo del cine, no necesariamente, suele ser un trabajo más consciente.
Yo quería mostrar cómo nos afectaba el paso del tiempo (por eso de que andamos siempre en guerra) y cómo había hecho que yo diese un paso hacia atrás con respecto a las cosas, para observarlas con un poco más de distancia. Después, al grabar, descubrí que estaba equivocado, y que me era imposible despegarme de ciertas cosas. La distancia no solo se traduce en la posición de la cámara con respecto a lo que se quiere grabar, sino en la respuesta a dónde empezar y acabar un plano. Son dos decisiones que se han de tomar de acuerdo.
Después está Anna y su cámara de Super8. Hay gente que cree que se filma en Super8 por romanticismo, o porque se prefiere el cine al digital,... es decir, por una cuestión estética. Pero para mí el Super8 significa ver las cosas desde cerca, algo así como ampliadas con una lupa. Y es así como le gusta ver las cosas a Annita. Eso tiene que ver con su manera de sentir. Yo lo celebro.
Hay que tener cuidado con las distancias. De nuevo ¿dónde empezar y acabar este plano? afecta al tono de lo que se mira. Hasta hace poco pensaba que la comedia se debía filmar en Plano General (el encuadre también entendido como una cuestión temporal), pero ahora no estoy del todo convencido. Creo que es tan sencillo como actuar con naturalidad. Al final uno siempre acaba acercándose a las cosas que realmente le interesan.
Creo además que deberíamos luchar por mantener siempre esa tensión, darle significado emocional a esa distancia. Y esto que parece lo más normal, porque en nuestra juventud todos sufrimos esas tensiones, no lo es tanto a medida que nos vamos desprendiendo de ella. Al final muchos eligen vivir una vida que no tiene nada que ver con lo que desean, porque siempre es más fácil y cómodo conformarse con lo que te sirven.
Pienso que el cine, y el arte en general, es tan importante, entre otras cosas, porque nos ayuda a mantener encendida la llama de nuestros deseos.
lunes, 20 de mayo de 2013
miércoles, 17 de abril de 2013
El río de la vida
Imagino un filme como los de Ozu. Que trate de responder a la pregunta ¿de qué va la vida? Una corriente de tiempo atravesando el filme. Encarnado en los personajes. Tres generaciones: los que se van, los que están y los que llegan. Parece absurdo, pero solo el amor hace que no lo sea. Si no se ama se vive en la absurdidad. ¿De qué va el filme? Por un lado están los hechos, causados por el que se va, alrededor del cual se agruparán los personajes. Estos hechos que son la columna vertebral del gran tema que es ¿de qué va la vida? (ya sabemos que el verdadero tema de todo filme es el paso del tiempo, y que todas las películas podrían titularse igual) ¿Pasa el tiempo y qué? Entonces los que están, ante los hechos, aparecen en escena y hablan. Hay quien trata de responder a esa pregunta y los hay que miran hacia otro lado, que disimulan ante la evidencia, y los que hablan de ese otro tiempo que es el de si mañana estará nublado o de si saldrá el sol. Es muy cómico. Es la comedia de la sociedad. Y luego están, en la otra cara de la misma moneda, las verdaderas protagonistas: las estructuras.
Pero el cine es imagen, y hay que ver de qué va la vida. Y hay que ver los diferentes rostros de la misma sangre. Y tratar de hallar las respuestas en los gestos. Y estarán los que vienen, que serán maravillosos, porque en ellos no se tratará de hallar el amor, sino que ellos son el amor (en su forma más pura). Y el cine galopará a través de esa nueva realidad representada. Se hará visible en su superficie. Pero será invisible. Solo los necios podrán ver el caballo en movimiento, y será precioso.
martes, 26 de marzo de 2013
Albert Serra (la entrada de blog)
Iba a cruzar el semáforo y al otro lado vi a una mujer de unos 50 años con la que me entró una necesidad misteriosa de conversar. La mujer, que llevaba una semana sin fumar, se acercó hasta mi, me pidió un cigarrillo y se desahogó conmigo. Ella hablaba y yo no hallaba en sus palabras un ápice de locura. Al despedirse me pregunté quién será el valiente que cargará a sus espaldas el peso de la revolución. ¿Ya habría nacido? ¿A qué esperaba el señorito D.? Acababa de editarse un libro titulado Albert Serra (la novela). Durante años le había odiado, me parecía un farsante. Pero hace unos meses, a altas horas de la madrugada, le presté atención, y le convertí en mi último profesor de cine. Solo pude volver a escribir desprendiéndome de Godard. Como un pintor que en su juventud considerase a Picasso demasiado personal como para servirse de él. Demasiado imponente para mi. Tuve un nuevo amante que resultó ser -yo no lo sabía- hijo de Ozu. Me gustaría conocer a tu padre. Y después de pasarme una larga temporada sentado en un tatami y bebiendo sake caliente con el maestro (él no soltaba prenda y yo trataba de no desesperarme), una tarde apareció una chica dispuesta a confesar a su mujer su aventura apasionada, y yo aprendí cómo pasar de un plano a otro. Entonces descubrí cual fue el error, el día que grabamos en la calle la secuencia en la que Gabriela agarra a Dafne para besarle. Algo no funcionaba. Zaida se dio cuenta, y pensó que afortunadamente era una secuencia de la que podríamos prescindir en el montaje. El primer día que
rodamos Julia se preguntaba si sabía donde colocaba la cámara o si estaba
improvisando, porque trabajábamos sin guión técnico. Lo sabía. Sabía dónde
empezaba un plano, y mi labor en el rodaje era descubrir dónde acabarlo. Lo difícil es lograr entre todos imprimir el ritmo adecuado. Al fin y al cabo
-esto lo aprendimos de Rossellini- la cámara no tiene más importancia que un
tenedor, y lo realmente importante es decirse antes de cada rodaje “O
hago esta película o reviento”. Hacía cuestión de un mes leí Un año ajetreado, los primeros pasos de Anne Wiazemsky, de su historia de amor con Godard y con el cine. Aquella novela era tan importante para mi como en su momento lo fue Éramos unos niños (de Patty Smith). Mi vida me parecía poca cosa comparada con lo que sentía. Entonces le propuse matrimonio al señorito D. Fue una idea emocionante.
lunes, 25 de marzo de 2013
Todo sobre mi madre
Empezó a tronar. Paco me esperaba en el salón, mientras me cepillaba los dientes, cuando Lidia apareció en escena. Sabíamos que nos iba a deleitar con un puñado de brillantes diálogos, como si se los acabara de chivar al oído Tennessee Williams.
¿Dónde está mi hijo?
Lavándose los dientes
¿Afilándose los dientes? Hace bien. Que se los afile, para que los pueda hincar y dar buenos mordiscos.
Lavándomelos, madre. Nos vamos.
¿Ya os vais? Pero si acabo de llegar.
Nos vamos a tomar un café.
¿Es que no hay cafeteras en mi casa? Tengo tantas cafeteras... ¿para qué quiero tantas cafeteras?
¿Ya te ha puesto mi hijo una de sus películas aburridas?
Hemos estado viendo a Woody Allen.
¿Otra vez el feo de Woody Allen? Mira que es feo. Yo no quiero ver gente fea.
Ha estado bien.
Antes lo estaba hablando con Enrique. Le he dicho, mi hijo no para de poner películas del feo de Woody Allen en casa. Y Enrique ha dicho que a él le gustaba. Si Woody Allen tiene películas que están bien, pero tiene otras que son un coñazo. Y me quedo dormida.
Su hijo también se duerme.
Pero yo me duermo antes.
Nos vamos madre.
¿Ya os vais y me dejáis aquí sola?
Dame un beso, Paco. Pero no en la boca.
Dame un beso hijo. Que madre no hay más que una, y a ti te encontré en la calle.
Cada vez que tu madre entra por la puerta aparece Gena Rowlands.
Ya ha vuelto a beber.
Es... Igmar Bergman.
Mi madre es el cine.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)