Por más que intentemos poner orden, en este piso vivimos tres enfants terribles de naturaleza caótica. Aquí se vive a nuestra manera y tenemos nuestras propias leyes temporales y espaciales: nos interesan las elipsis, las personas que puntúan bien, y, al igual que Julia, odiamos los emoticonos. No le vemos la parte negativa a ser dejados, al fin y al cabo, Alba tiene razón, los ganadores somos los que nos lo llevamos todo. Le damos vueltas a NereaMadariaga, las personas que practican la ley del silencio tampoco nos interesan. Esta canción le debe mucho, por enseñarnos a amar. Estamos sometidos a otro tipo de gravedad.
Todo va bien. Por las noches hemos recuperado el hábito de ver películas proyectándolas en una de las paredes del salón. Anna suele dormirse, Pau fuma. Zaida prefiere quedarse en su habitación si está con Silvia. Estos días se encuentra con nosotros Wojtek y nos habla sobre el estado del cine en Polonia. No salimos mucho a la calle. Él también querría ser cineasta pero todavía no lo sabe. Vamos a rodar algo aprovechando su visita. Hablo de las cosas, pero deberíamos hablar sólo de lo que hay entre las cosas. A JeanPierre le parecemos curiosos porque hemos aprendido a vivir fuera de los libros. Como los jóvenes de un FilmSocialism.
miércoles, 29 de diciembre de 2010
estaba pensando en una historia en la que el personaje principal le dijera adiós a filipinas. esto no tiene nada que ver con el cine. poca gente lo comprende, hay ciertas ideas que necesitan tiempo para ser asimiladas. pero el cine es muy sencillo.
¿Cómo sacarles de sus inquietudes genitales? ¿Acaso piensan en el futuro de una imagen? Qué más da, el futuro se hará sin ellos.
domingo, 5 de diciembre de 2010
La imagen de una chica comiendo una hamburguesa en la cafetería de la universidad mientras habla, habla y habla y yo escucho y aporto temas banales a la conversación porque pienso que no tenemos nada en común. Tu imagen 6 años después vestida como un putón tratando de alcanzar agachada con una escoba los cristales de debajo de la encimera de nuestra cocina mientras escuchas a M. Ward. y el gato y yo esperamos que dentro de otros seis años más estés bien de la cabeza incluso si estás con alguien equivocado.