martes, 22 de enero de 2013
Nos parecía importante
Grabamos esto durante el verano. Estábamos casi todos, nos despedimos de un piso y dimos la bienvenida a muchas otras cosas.
sábado, 19 de enero de 2013
Tabú
Era una sorpresa. Fuimos al cine sin que supiese qué película íbamos a ver y compré las entradas mientras me esperaba en la calle, procurando no ver los carteles. Quería mostrarle mi agradecimiento en forma de película, de una película que desconocíamos. Fue una sorpresa.
martes, 1 de enero de 2013
hace falta un marxista-leninista
Me había contado el increíble caso de su memoria prodigiosa, aunque dudara de la autenticidad de los recuerdos. Antes de despedirnos le apreté la mano acariciándola con atención, siendo consciente de que si bien con el tiempo yo olvidaría esa sensación, él podría salvar ese recuerdo.
martes, 25 de diciembre de 2012
A mí no me importaría tener cuatro brazos
Entre lo mejor
del cine español de la última década se encuentra una pequeña película del 2007
que se llama La carta de Dafne. Es un
monumento a todos los locos que una vez finalizado el amor siguen creyendo en
él, por si acaso; sobre y para los atrapados en el tiempo.
Es la película
con la que soñó Truffaut y que le devuelve la razón. Hecha con amor y de un
modo inconsciente. Una película sincera y llena de imperfecciones, y sus
espectadores no sobrepasan al número de amigos de sus directoras. Es una película
importante, que el cine necesita para seguir respirando y latiendo.
Dicen que los
enamoradizos están en peligro constante porque son frágiles, pero la verdad es
que son como una roca, tropiezan por la vida sin hacerse daño, son inocentes y
eso les permite tener la piel dura, como la de Dafne, que al final del filme le
desea un feliz viaje a Lucía, y no hay duda de que lo será. Son las más
fuertes.
martes, 18 de diciembre de 2012
17.12.12
Escribo las cosas que deseo filmar, pero es más bien un inventario de cosas que he visto y que creo que merece la pena conservar una imagen de ellas. Una parte de esas cosas a las que me siento atado son aparentemente inamovibles y podrían ser tomadas con una cámara fotográfica: algunos rostros conocidos o paisajes siempre habitados. El resto de cosas se suceden en el tiempo y las escribo para tratar después de recrearlas, de resucitar todo ese tiempo perdido. Esa es mi pérdida sin límites, algo que arrastraré para siempre. Porque las cosas que nos gustan son ¡aleluya! siempre desgarradoras.
miércoles, 5 de diciembre de 2012
la piedra filosofal
Cómo afina Woody Allen en sus últimos filmes, y qué necios son los que afirman que se repite: lo dicen por sus temas, pero, ¿acaso las personas no se obsesionan a lo largo de su vida con los mismos temas? y creyendo que la forma de un filme está a la vista, en su superficie, ignorando que la forma es una cuestión temporal.
Sin embargo, uno ve, por ejemplo, Un final made in Hollywood o Todo lo demás y encuentra, dentro de la maestría con la que es narrada, secuencias que duran más de lo que deberían durar (por alargar una situación cómica a menudo), y temas que se alejan del argumento principal. Es lo que podríamos llamar desafinar, en el caso de una desajustada interpretación (como la de Penélope Cruz en A Roma con amor), o no acordarse bien de la letra, o retrasarse del tempo que marca el compás. Es la última lección de un gran narrador, no tomarse el arte demasiado en serio.
Nos lo trataba de decir Nacho Vegas: para ser un buen cantante tienes que desafinar. Necesitamos tiempo para comprender según qué cosas y, durante años, nos hemos tomado nuestro amado verso al pie de la letra, siendo eclipsado su verdadero significado: el de la libertad.
Es lo máximo a lo que aspiramos los amantes del arte, y nuestra búsqueda secreta. Es tan importante que no me cansaré de repetirlo. Godard lo dijo de Picasso, que había alcanzado el fondo al principio de su vida, al igual que lo hizo él mismo, en la habitación de un hotel en la que vivía Patricia. Es ese deseo de libertad lo que ha perseguido a lo largo de toda su filmografía Pedro Almodóvar, desde Pepi, Luci y Bom hasta La Piel que habito. Pero seríamos unos necios nosotros también si creyésemos que la lección empieza y termina en el arte. Eso bien lo sabe Fassbinder.
Y no nos engañemos, solo los buenos cantantes se pueden permitir desafinar. Solo los que han conquistado el terreno de la libertad pueden hacernos sentirla.
Sin embargo, uno ve, por ejemplo, Un final made in Hollywood o Todo lo demás y encuentra, dentro de la maestría con la que es narrada, secuencias que duran más de lo que deberían durar (por alargar una situación cómica a menudo), y temas que se alejan del argumento principal. Es lo que podríamos llamar desafinar, en el caso de una desajustada interpretación (como la de Penélope Cruz en A Roma con amor), o no acordarse bien de la letra, o retrasarse del tempo que marca el compás. Es la última lección de un gran narrador, no tomarse el arte demasiado en serio.
Nos lo trataba de decir Nacho Vegas: para ser un buen cantante tienes que desafinar. Necesitamos tiempo para comprender según qué cosas y, durante años, nos hemos tomado nuestro amado verso al pie de la letra, siendo eclipsado su verdadero significado: el de la libertad.
Es lo máximo a lo que aspiramos los amantes del arte, y nuestra búsqueda secreta. Es tan importante que no me cansaré de repetirlo. Godard lo dijo de Picasso, que había alcanzado el fondo al principio de su vida, al igual que lo hizo él mismo, en la habitación de un hotel en la que vivía Patricia. Es ese deseo de libertad lo que ha perseguido a lo largo de toda su filmografía Pedro Almodóvar, desde Pepi, Luci y Bom hasta La Piel que habito. Pero seríamos unos necios nosotros también si creyésemos que la lección empieza y termina en el arte. Eso bien lo sabe Fassbinder.
Y no nos engañemos, solo los buenos cantantes se pueden permitir desafinar. Solo los que han conquistado el terreno de la libertad pueden hacernos sentirla.
jueves, 1 de noviembre de 2012
Lo imposible II
Soy godardiano. Considero a Godard un cineasta narrativo. Perdería el punto de gravedad si no me refiriese al cine que cuenta una historia. ¿Por qué siempre es necesaria una historia? Hasta en Garrel. Hasta en Apichatpong. Las películas han de contar algo. Pero no hay que confundir guión con narración.
Terrence Malick o Wong Kar-Wai son revolucionarios dentro de la narración clásica. El cine tardará una década en metabolizar El arbol de la vida. Todos los cineastas "clásicos" serán recordados por haber sido revolucionarios a su medida. Pero la verdadera revolución llegará con Godard. Godard es un visionario, Filme socialisme es una película del futuro. Y en el presente Apichatpong es el vencedor.
Si trabajaran partiendo de un guión sólido no hubiesen conseguido la Luna. Eso demuestra que el cine es más que un guión. Una película que tiene éxito siempre escapa al guión. Son solo cuestiones económicas o de pereza que uno (pueda o quiera) lo necesite. Si Woody Allen se pudiera permitir tener un equipo fijo a su disposición como lo tuvo Chaplin, preferiría rodar sin guión para ahorrarse el trabajo de escribirlo, y si descubriera que eso le supusiera demasiados quebraderos de cabeza, más trabajo aún del habitual, preferiría volver a su método antiguo y seguir escribiendo.
Godard acostumbra a partir de una premisa, de una historia, de un argumento, que no tiene por qué no ser convencional (para luego poder ir en contra, porque es lo que necesita) ni mucho menos algo sólido, porque en el rodaje Godard filma con su corazón (las cuestiones morales son las cuestiones del corazón), y por eso gusta tanto. Pero él también es muy perezoso a la hora de escribir y tal vez esa pereza tenga parte de culpa en el descubrimiento de nuevos horizontes.
Con o sin guión, uno debe sentirse libre dentro de una narración. Como los novelistas que, en un momento dado en su escritura, abandonan el hilo argumental para retomarlo treinta páginas más tarde. Por eso me gusta tanto Todo sobre mi madre, porque Almodóvar camina por la narración como Pedro por su casa, condimentando un filme rico en historias y personajes -alguna basta con ser apuntada, como la de los cuadros de Chagall que falsifica la madre de Rosa (Penélope Cruz)-, haciéndonos sentir esa libertad. Y una película de Godard no valdrá nunca más que una de Almodóvar, porque todas las películas son iguales. El cine es así de justo.
Ya sabréis en qué bando estoy, y me mantendré atento. Quiero que seáis exigentes. No de un modo altruista, sin pedir nada a cambio. Lo que se exige es lo que le pertenece a uno, y vosotros debéis exigirme la película que os prometí. Pedirme la Luna.
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