Aleix murió el 12 de Enero del 2010. Ese mismo día sus padres le habían dejado un momento a solas con su novio, Nacho; mientras, intentarían comer algo en la cafetería del hospital: comer significaba vivir, algo que sus cerebros -en esas circunstancias- rechazaban. A Nacho le costaba mucho expresarse en voz alta, por eso el cine significaba para él más que una profesión una necesidad. Había encontrado en Aleix alguien a quien follarse y a quien filmar, y aún seguía necesitándole. Se le ocurrió que podría leerle el País todos los días, pero sólo las buenas noticias; así, gracias al nuevo ritual, podrían seguir celebrando juntos que estaban vivos.
Ese mismo día Nacho descubrió que, a su vez, Aleix tenía una novia secreta que se llamaba Luna. Luna ya sabía de la existencia de Nacho, porque era muy inteligente -tanto que acabó aceptándola como algo vital para Aleix-, es por eso que había dudado en presentarse en aquella habitación pero llegó a la conclusión de que como novia de Aleix le pertenecían los mismos derechos y las mismas obligaciones que a Nacho.
Nacho, como buen cineasta, lo comprendió. Primeramente, cuando Luna se presentó diciéndole “Hola, soy Luna, la novia de Aleix” pensó que no podía ser, pero justo después dijo en voz alta “Claro que sí”, porque se dio cuenta de que Aleix amaba tanto la vida que no le bastaba con la mitad del cuento y eso era comprensible. Que como todo ser humano Aleix era imperfecto, y eran esas imperfecciones las que le hacían merecedero de amor. Después concluyó egoístamente: con cuanta más gente se acostara Aleix, más le querría él. Entonces le hubiera gustado que se despertara con la palabra Shakespeare en los labios, pero en su lugar sucedió algo terrible.
Luna abrió el País por la sección de cultura y leyó “Fallece Éric Rohmer, el cineasta de la mirada sencilla”. Y sólo esa mala noticia bastó para causar la muerte de nuestro protagonista. Nacho tocó por última vez su rodilla.
Ese mismo día Nacho descubrió que, a su vez, Aleix tenía una novia secreta que se llamaba Luna. Luna ya sabía de la existencia de Nacho, porque era muy inteligente -tanto que acabó aceptándola como algo vital para Aleix-, es por eso que había dudado en presentarse en aquella habitación pero llegó a la conclusión de que como novia de Aleix le pertenecían los mismos derechos y las mismas obligaciones que a Nacho.
Nacho, como buen cineasta, lo comprendió. Primeramente, cuando Luna se presentó diciéndole “Hola, soy Luna, la novia de Aleix” pensó que no podía ser, pero justo después dijo en voz alta “Claro que sí”, porque se dio cuenta de que Aleix amaba tanto la vida que no le bastaba con la mitad del cuento y eso era comprensible. Que como todo ser humano Aleix era imperfecto, y eran esas imperfecciones las que le hacían merecedero de amor. Después concluyó egoístamente: con cuanta más gente se acostara Aleix, más le querría él. Entonces le hubiera gustado que se despertara con la palabra Shakespeare en los labios, pero en su lugar sucedió algo terrible.
Luna abrió el País por la sección de cultura y leyó “Fallece Éric Rohmer, el cineasta de la mirada sencilla”. Y sólo esa mala noticia bastó para causar la muerte de nuestro protagonista. Nacho tocó por última vez su rodilla.
