miércoles, 28 de abril de 2010

tajabone



Nos despedimos en el barrio en el que habíamos crecido. En un par de meses estarás de vuelta, y nos volveremos a ver, aunque sea sólo unos días. Había algo que evitó contarme hasta el último momento: En realidad no necesito volver a España para alargar mi estancia allí, puedo salir a Los Ángeles y volver a cruzar la frontera.

El día en que te conocí llevabas puesta una camisa blanca y una corbata azul. Celebrábamos el 2003, yo estaba fumando porros en el palomar y tú te acercaste y empezamos a conversar. Desde el principio, los dos teníamos muy claro lo que queríamos hacer: yo te hablé de cine y tú de moda, y los ojos nos brillaban. Siempre has tenido las cosas muy claras y eso te ha llevado a donde querías.

Durante una época dejamos de ser amigos. La culpa fue mía. Yo siempre he sido muy gilipollas. A los 21 años te fuiste a vivir a Madrid y nos perdimos la pista. Al cabo de unos años nos volvimos a encontrar. Tú te habías convertido en un diseñador reconocido por su trabajo y yo en una persona fría. Un día conversamos sobre ello. Era incapaz de hablarte de las cosas que me emocionaban con la misma ilusión que a los 17. Sin darme cuenta, algo de mí había muerto ya.

Tú te ibas a vivir a América y yo seguiría soñando en el barrio. Probablemente no nos volveríamos a ver en mucho tiempo. Como no me gustan las despedidas me inventé que a la mañana siguiente cogería el tren contigo, y nos despedimos así, fríamente. Me he despertado tarde y llevo toda la mañana llorando, yo que nunca lloro.

2 comentarios:

mirandoajulie dijo...

joder, es precioso marc. me encanta cuando escribes tan tú

Rafa dijo...

nunca digas frio,
a lo mejor tarde.